GUADALUPE NORTE
LA GACETA
El mejor amigo de tu hijo lo invitó a su casa para disfrutar la tarde. En la reunión de juegos, los pequeños se la pasaron inventando historias con sus juguetes y corriendo detrás de la pelota por el jardín. Las horas pasaron y ahora, aunque la energía de ambos se mantiene, es tiempo de regresar. Entonces, a dos pasos de separarlos en la puerta de entrada, una mirada cómplice se dibuja en sus caras: “¿mamá/papá me puedo quedar a dormir acá?”.
Para los niños que recién se inician en las pijamadas, la idea de quedarse a dormir fuera de casa resulta nueva y emocionante pero, a la vez, puede despertar ciertas inseguridades en los padres. ¿Y si le pasa algo? ¿y si es muy chico para estar solo? ¿y si tiene problemas para dormir? ¿y si?...
“Las pijamadas implican que el niño entra en contacto con la intimidad de otra familia: diferentes costumbres, ritmos, comidas y hábitos -comenta la psicoanalista Florencia Delgado-. Siempre la articulación con lo otro, en tanto diferente, resulta disruptiva pero no por ello debe causar dificultades. Cuando la experiencia es buena, placentera, también redunda en la ganancia de autonomía”.
Desarrollo
La psicóloga infantil Nancy Palomo destaca que este tipo de invitaciones es positiva para el desarrollo social de los pequeños y ayuda, entre risas y charlas casuales, al autoestima y las habilidades de adaptación. “Es saludable que los niños descubran cómo viven otras personas y cómo funcionan las normas y las rutinas en entornos diferentes. Eso les ayuda a crear una personalidad más flexible y a valorar lo que tienen haciendo ciertas comparaciones”.
Entre los grupos de WhatsApp del colegio, de danzas clásicas y de inglés Juan Carlos Tapia (52 años) -según afirma él mismo- es visto como el “padre sobreprotector” que jamás deja asistir a su hija a excursiones o salidas al cine grupales.
¿El problema? Alma (12) tiene una enfermedad respiratoria crónica y a veces necesita cargar con un inhalador o hacerse nebulizaciones de emergencia. “Es difícil, porque a esa edad los nenes son bastante sociables y van de un lado a otro con sus amigos. Ella se puso triste muchas veces al rechazar las salidas, pero sentía que no podía relegar la responsabilidad de su atención en otras familias”, comenta.
Sin embargo, el día en que Alma recibió la invitación de cumpleaños de Lucía, su mejor amiga, a una “pijamada para princesas”, Juan Carlos decidió animarse. “La fiesta marcó un punto importante en la relación con sus compañeras. Volvió tan contenta al departamento que decidí comprar una cama extra para que ella también pudiera traer amigos. Desde entonces es mi hogar el que se convirtió en la base de aventuras”.
Si se trata de decidir la edad adecuada para incursionar en la aventura de las guerras de almohadas y confesiones nocturnas, las especialistas coinciden en que la decisión depende de cada familia, circunstancia y niño, debiendo estar atentos a los indicios que él nos muestre.
Todavía no...
Sin importar lo mucho que su hija Florencia (13) insista, en el caso de Juana Córdoba (41), la respuesta es tajante. “Jamás dejo que ella vaya a las pijamadas, y menos si son mixtas. Me transmite bastante nerviosismo el dejar que Florencia se quede a dormir en la casa de un desconocido. Hay muchos hechos de abuso y de violencia familiar dando vueltas o cosas que se escapan a mi control, como las peleas, si los padres los dejan ver contenidos inapropiados en la tele o cosas así”, detalla Juana.
“Siempre será fundamental, para resguardarlo, que el niño sepa que puede transmitir a sus padres o a sus adultos referentes cualquier situación que pudiera resultar incómoda, intimidatoria, avasallante, como también valiosa y placentera. Por ello es importante que exista un vínculo en el que el adulto funcione como una referencia”, explica Delgado.
Para la mamá Aixa Martínez Pastur (39) - y reconocida anfitriona de pijamadas entre sus pares- cuando se trata de invitaciones a dormir no basta con poner a disposición la casa y desentenderse de la cuestión.
Como uno más
“Es importante compartir las actividades con los chicos. Acostumbré a mis dos hijas a disfrutar en familia y divertirnos juntos. Por eso, cuando viene un invitado hacemos que se sienta uno más de nosotros y la pase bomba”, explica.
Así, Aixa se encarga de mimar a los amigos de su hija Sol (6) con una buena dosis de panchos, papas fritas y propuestas como andar en bicicleta, cocinar o hacer un picnic. Por último, cuando cae la noche, una película con pochoclos es la mejor opción para cerrar el día e irse a la cama.
Orden
“Acá los chicos se sienten libres y cómodos, no hay nada que no puedan hacer. El único requisito que les pongo es que después ordenen todos los juguetes o los juegos de mesa que saquen. En casa, el que se ha quedado a dormir una vez, se ha quedado a dormir dos”, afirma, contenta de formar parte de estas reuniones.